Entre los mejores ejemplos de corrupción a la panameña, abierta y sin tapujos, se destaca la instalación de una planta de molienda de clinker (cemento) a orillas del Canal de Panamá en la ciudad de Panamá. Es un proyecto que cuenta con el apoyo directo de las esferas gubernamentales más altas e impulsado por el especulador argentino, Samuel Liberman. Según los entendidos, el proyecto viola la ley panameña, pone en peligro la salud de los residentes de la capital y, además, le crea problemas al tránsito de barcos por el Canal de Panamá.
El primer escollo que lograron superar los asociados del empresario argentino fue el Ministerio de Vivienda. Este despacho, bajo la conducción de la actual candidata a la Presidencia, Balbina Herrera, cambió la zonificación del área el 26 de febrero de 2007 para permitir que se desarrollaran actividades manufactureras a orillas del Canal. La decisión viola todas las leyes aprobadas en los tiempos de la Autoridad Regional Interoceánica (ARI) que han sido sistemáticamente ignoradas por el actual gobierno.
El segundo escollo fue superado con igual pericia. Los defensores del ambiente y de la transparencia gubernamental pensaron que encontrarían entre los nueve miembros de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) los aliados para detener los planes del especulador argentino y sus socios nacionales. En un principio así fue: a fines de 2006 la ACP rechazó la solicitud del argentino para instalar su fábrica de clinker a orillas del Canal. Sin embargo, un año después, en diciembre de 2007, luego de presentar un recurso de reconsideración, la ACP otorgó el permiso de compatibilidad con el funcionamiento del Canal de Panamá.
El tercer escollo se doblegó de manera muy parecida a los primeros dos. Debido a que la construcción de la fábrica de clinker en un área urbana y a orillas del Canal viola todos las premisas de sostenibilidad ambiental, la Autoridad Nacional de Ambiente (ANAM) resolvió a principios de 2007 rechazar la solicitud correspondiente. Sin embargo, el 2 de enero de 2008, la ANAM retrocedió y aprobó el estudio de impacto ambiental, alegando que no había impedimentos para que este proyecto se realizara.
El cuarto escollo fue la Corte Suprema de Justicia que falló a favor del empresario argentino y en contra de una demanda interpuesta por la violación de la legislación panameña que representaba la fábrica de clinker a orillas del Canal. El 1º de septiembre de 2008, la Corte ordenó el levantamiento de la suspensión provisional que pesaba sobre el proyecto que afectará la salud de todos los panameños.
El quinto escollo que aún tiene que enfrentar Liberman y sus socios es, por un lado, la opinión pública y, por el otro, las protestas populares de todos los panameños. Organizaciones como el Comité Pro Defensa de Bosques Urbanos y el Comité pro Parque Nacional Camino de Cruces, ya han movilizado sus fuerzas contra el insano proyecto que tiene el favor de las esferas más altas del gobierno. Según una encuesta de Dichter & Neira, realizada el año pasado, el 71 por ciento de los panameños rechaza la instalación de la fábrica de clinker.
Panamá, 26 de febrero de 2009.
miércoles, 25 de febrero de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
Obama y America latina: Los primeros 30 dias
Según el sociólogo norteamericano, Immanuel Wallerstein, el “mundo ha recibido a Obama con los brazos abiertos”. Agrega, sin embargo, que el presidente Barack Obama no puede revertir el declive de EEUU. En América latina la reacción a la elección de Obama fue muy positiva, desde La Habana, pasando por Caracas, hasta Buenos Aires y Santiago de Chile.
Después de un mes en la Casa Blanca, hay cierta confusión en cuanto a las intenciones de Obama. Para algunos, Obama es un “imperialista liberal” que cree que todos pueden alcanzar las metas de desarrollo si respetan las reglas del mercado. Otros lo califican como un “imperialista humanitario” que avala las guerras a nombre del bienestar de las víctimas.
El triunfo de la reforma constitucional mediante referéndum en Venezuela, que le permitirá reelegirse al presidente Hugo Chávez, es una prueba que tendrá que enfrentar Obama en sus relaciones con América latina. Llamó la atención de todos los latinoamericanos que pocos días antes de juramentar su cargo, Obama se refirió al gobierno de Venezuela como “exportador de actividades terroristas”. Según Obama “estas actividades no constituyen una buena conducta internacional”. La prensa norteamericana interpretó los comentarios de Obama como la continuación de la política ofensiva del presidente Bush, quien acababa de abandonar Washington con mucha pena y sin gloria.
La agresividad de Obama contradice sus declaraciones de apertura aparente. Ya había señalado “que la responsabilidad (de Washington) no debe ser la de dictar políticas. Más bien, debemos buscar formas de cooperación y el interés mutuo”. Obama personalizó su ataque a América latina señalando que “(el presidente) Chávez ha sido una fuerza que ha bloqueado el progreso en la región”. La ofensiva de Obama reiteró los ataques de Bush quien señalaba que Venezuela financiaba la guerra de liberación nacional colombiana que nació a principios de la década de 1950.
Chávez le respondió a Obama pidiéndole que “recapacitara y que tomara su papel en forma más seria”. El presidente venezolano dijo que “espero que esté equivocado, pero todo indica que (Obama) va por mal camino. Tendrá que demostrar lo contrario”. Durante la campaña electoral Obama había señalado que estaba dispuesto a sentarse a dialogar con Chávez, al igual que con Raúl Castro y Evo Morales, en busca de mejores relaciones con la región latinoamericana.
Las declaraciones de Obama fueron reiteradas por el secretario de Defensa, Robert Gates, ante un comité en el Senado. Según se informó, Gates manifestó que le preocupaba la relación de Irán con “movimientos de izquierda en la región”. El funcionario agregó que las supuestas actividades de Irán son llevadas a cabo en Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia. La forma de presentar el problema por el alto funcionario norteamericano refleja la arrogancia tradicional del gobierno de Washington. En primer lugar, EEUU exige que las relaciones de los países latinoamericanos deben ser aprobadas por su gobierno, en el marco de su Doctrina Monroe. En segundo lugar, los gobiernos de la región no son más que “movimientos”. Es decir, carecen de legitimidad o representación política.Si EEUU pretende mejorar y ampliar su política hacia la región – rebasando su interés tradicional en la venta de armas y en reforzar su monopolio comercial – tiene que buscar nuevas fórmulas. Aquí radica el entusiasmo que despertó la elección de Obama en América latina. Tal como dice Wallerstein, el mundo recibió a Obama con los brazos abiertos. El nuevo mandatario no tiene porque responderle a los pueblos y gobiernos latinoamericanos con un puño cerrado.
19 de febrero de 2009.
Después de un mes en la Casa Blanca, hay cierta confusión en cuanto a las intenciones de Obama. Para algunos, Obama es un “imperialista liberal” que cree que todos pueden alcanzar las metas de desarrollo si respetan las reglas del mercado. Otros lo califican como un “imperialista humanitario” que avala las guerras a nombre del bienestar de las víctimas.
El triunfo de la reforma constitucional mediante referéndum en Venezuela, que le permitirá reelegirse al presidente Hugo Chávez, es una prueba que tendrá que enfrentar Obama en sus relaciones con América latina. Llamó la atención de todos los latinoamericanos que pocos días antes de juramentar su cargo, Obama se refirió al gobierno de Venezuela como “exportador de actividades terroristas”. Según Obama “estas actividades no constituyen una buena conducta internacional”. La prensa norteamericana interpretó los comentarios de Obama como la continuación de la política ofensiva del presidente Bush, quien acababa de abandonar Washington con mucha pena y sin gloria.
La agresividad de Obama contradice sus declaraciones de apertura aparente. Ya había señalado “que la responsabilidad (de Washington) no debe ser la de dictar políticas. Más bien, debemos buscar formas de cooperación y el interés mutuo”. Obama personalizó su ataque a América latina señalando que “(el presidente) Chávez ha sido una fuerza que ha bloqueado el progreso en la región”. La ofensiva de Obama reiteró los ataques de Bush quien señalaba que Venezuela financiaba la guerra de liberación nacional colombiana que nació a principios de la década de 1950.
Chávez le respondió a Obama pidiéndole que “recapacitara y que tomara su papel en forma más seria”. El presidente venezolano dijo que “espero que esté equivocado, pero todo indica que (Obama) va por mal camino. Tendrá que demostrar lo contrario”. Durante la campaña electoral Obama había señalado que estaba dispuesto a sentarse a dialogar con Chávez, al igual que con Raúl Castro y Evo Morales, en busca de mejores relaciones con la región latinoamericana.
Las declaraciones de Obama fueron reiteradas por el secretario de Defensa, Robert Gates, ante un comité en el Senado. Según se informó, Gates manifestó que le preocupaba la relación de Irán con “movimientos de izquierda en la región”. El funcionario agregó que las supuestas actividades de Irán son llevadas a cabo en Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia. La forma de presentar el problema por el alto funcionario norteamericano refleja la arrogancia tradicional del gobierno de Washington. En primer lugar, EEUU exige que las relaciones de los países latinoamericanos deben ser aprobadas por su gobierno, en el marco de su Doctrina Monroe. En segundo lugar, los gobiernos de la región no son más que “movimientos”. Es decir, carecen de legitimidad o representación política.Si EEUU pretende mejorar y ampliar su política hacia la región – rebasando su interés tradicional en la venta de armas y en reforzar su monopolio comercial – tiene que buscar nuevas fórmulas. Aquí radica el entusiasmo que despertó la elección de Obama en América latina. Tal como dice Wallerstein, el mundo recibió a Obama con los brazos abiertos. El nuevo mandatario no tiene porque responderle a los pueblos y gobiernos latinoamericanos con un puño cerrado.
19 de febrero de 2009.
viernes, 13 de febrero de 2009
Acción en tiempos de crisis
Me preocupan las decisiones que algunos toman en función de sus intereses particulares. Más todavía cuando tiene connotaciones de clase. La ampliación del Canal de Panamá fue concebida como un buen negocio, así lo entendemos todos. Quienes se opusieron señalábamos - y todavía estamos en esa misma posición - que ese "buen negocio" no contribuía al desarrollo del país, al desarrollo integral de la nación panameña.
En la actualidad, nos enfrentamos a una situación de recesión mundial producto de una sobreproducción en el sistema y una "gestión irresponsable" de las finanzas. Como país tenemos que proceder con mucha prudencia. El país necesita recursos para educar bien a las futuras generaciones, garantizarles salud, seguridad y una integración adecuada al sector productivo de la economía para generar riquezas que beneficie a todos. Los recursos que genera nuestra posición geográfica privilegiada y la administración responsable de ese recurso, mediante el funcionamiento del Canal de Panamá, deben estar al servicio de ese objetivo. Estas son las tareas del gobernante. Hemos estado bajo la dirección de personas y grupos por dos décadas que no pretenden gobernar y, además, no saben como gobernar (el más honesto de ellos fue Endara quien lo confesó).
Tenemos que proceder con prudencia y mucha inteligencia. Hay señales muy claras que ya nos caímos del precipicio y estamos colgando apenas de una rama. Tenemos que recuperarnos y proceder rapidamente a diseñar una nueva estrategia para poner los recursos que genera el Canal al servicio de los objetivos que todos los panameños queremos. El negocio no puede ser para unos pocos. Necesitamos urgente un plan de desarrollo nacional que incorpore a todos los sectores sociales del país a las tareas de construcción. En todas partes se está debatiendo el problema de la crisis y las acciones que deben tomarse en función de país. En Panamá no se promueve el debate. Al contrario, se pide confianza y resignación.
Estamos en plena campaña política y los partidos así como sus candidatos (a todos los niveles) no plantean los problemas del país, de sus circuitos, de sus distritos ni de sus corregimientos.No son tiempos de pánico. Son tiempos de asumir las responsabilidades. Los que quieren gobernar tienen que asumir posiciones y proceder con decisión. El país ha colapsado. Las políticas sociales han fracasado, la seguridad ciudadana no existe y, más encima, la economía se les escapa a quienes ocupan posiciones privilegiadas en las cúpulas, como si fueran empresa privada (según la frase acuñada por Billy Ford en 1990).
Hay que actuar con prudencia, inteligencia e invertir los recursos del país en nuestra juventud a quien debemos entregarle todas las oportunidades para que las futuras generaciones se sientan orgullosas de Panamá. Al igual que nosotros sentimos orgullo de ser descendientes de quienes gestaron nuestra independencia, de quienes lucharon en las gestas inquilinarias, de Acción Comunal, de la juventud del 47, de la generación heroica de enero de 1964. Sus luchas "perfeccionaron" nuestro proyecto de Nación.
¿Qué dirán las futuras generaciones de nosotros si todas esas conquistas no son debidamente aprovechadas por quienes tenemos hoy la responsabilidad de seguir construyendo el país que queremos todos los panameños? No hay tiempo para pensar en pánico. Hay mucho trabajo que realizar y hay que poner manos a la obra sin mayor dilación.Hay que volver a pensar otra vez en Panamá.
Panamá, 12 de febrero de 2009.
En la actualidad, nos enfrentamos a una situación de recesión mundial producto de una sobreproducción en el sistema y una "gestión irresponsable" de las finanzas. Como país tenemos que proceder con mucha prudencia. El país necesita recursos para educar bien a las futuras generaciones, garantizarles salud, seguridad y una integración adecuada al sector productivo de la economía para generar riquezas que beneficie a todos. Los recursos que genera nuestra posición geográfica privilegiada y la administración responsable de ese recurso, mediante el funcionamiento del Canal de Panamá, deben estar al servicio de ese objetivo. Estas son las tareas del gobernante. Hemos estado bajo la dirección de personas y grupos por dos décadas que no pretenden gobernar y, además, no saben como gobernar (el más honesto de ellos fue Endara quien lo confesó).
Tenemos que proceder con prudencia y mucha inteligencia. Hay señales muy claras que ya nos caímos del precipicio y estamos colgando apenas de una rama. Tenemos que recuperarnos y proceder rapidamente a diseñar una nueva estrategia para poner los recursos que genera el Canal al servicio de los objetivos que todos los panameños queremos. El negocio no puede ser para unos pocos. Necesitamos urgente un plan de desarrollo nacional que incorpore a todos los sectores sociales del país a las tareas de construcción. En todas partes se está debatiendo el problema de la crisis y las acciones que deben tomarse en función de país. En Panamá no se promueve el debate. Al contrario, se pide confianza y resignación.
Estamos en plena campaña política y los partidos así como sus candidatos (a todos los niveles) no plantean los problemas del país, de sus circuitos, de sus distritos ni de sus corregimientos.No son tiempos de pánico. Son tiempos de asumir las responsabilidades. Los que quieren gobernar tienen que asumir posiciones y proceder con decisión. El país ha colapsado. Las políticas sociales han fracasado, la seguridad ciudadana no existe y, más encima, la economía se les escapa a quienes ocupan posiciones privilegiadas en las cúpulas, como si fueran empresa privada (según la frase acuñada por Billy Ford en 1990).
Hay que actuar con prudencia, inteligencia e invertir los recursos del país en nuestra juventud a quien debemos entregarle todas las oportunidades para que las futuras generaciones se sientan orgullosas de Panamá. Al igual que nosotros sentimos orgullo de ser descendientes de quienes gestaron nuestra independencia, de quienes lucharon en las gestas inquilinarias, de Acción Comunal, de la juventud del 47, de la generación heroica de enero de 1964. Sus luchas "perfeccionaron" nuestro proyecto de Nación.
¿Qué dirán las futuras generaciones de nosotros si todas esas conquistas no son debidamente aprovechadas por quienes tenemos hoy la responsabilidad de seguir construyendo el país que queremos todos los panameños? No hay tiempo para pensar en pánico. Hay mucho trabajo que realizar y hay que poner manos a la obra sin mayor dilación.Hay que volver a pensar otra vez en Panamá.
Panamá, 12 de febrero de 2009.
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